Del garaje al crowdfunding. Innovación y financiación en red

Publicado el 10/12/2010 - Goteo

Economía distribuida

Contribuidores: Platoniq

Detractores del crowdfunding
"No es cuestión de filantropía o de caridad. Es cuestión de mecenazgo y de comercio." Perry Chen, cofundador de Kickstarter

La noción romántica del garaje como nido o caldo de cultivo para ideas y compañías de enorme éxito comercial forma parte del imaginario colectivo gracias a una serie de historias más o menos mitificadas que, a lo largo del siglo XX, dieron un pequeño giro al estándar del sueño americano: Walt Disney, Mattel, Apple Computer, Microsoft, Hewlett Packard y muchas otras firmas empezaron en uno de esos garajes. Y a pesar de lo difícil que pueda resultar exportar ese ideal a otros contextos socio-geográficos (dada la especificidad del modelo norteamericano de casa unifamiliar con garaje particular), el mito se mantiene en el cliché del emprendedor actual. "Un garaje es un lugar de posibilidades, un lugar donde se pueden inventar cosas y un punto de partida para emprendedores", afirmaba el vídeo promocional que HP lanzó en 2004 para celebrar la restauración del garaje original donde sus fundadores comenzaron la compañía en 1938. "Nadie quiere escuchar la historia de unos tipos ricos y bien conectados que se encuentran en una sala de conferencias de un Marriot para trazar un plan de negocios. ¡Esa historia no tiene nada de romanticismo!", asegura Pino Audia, investigador y profesor del Tuck School of Business en Dartmouth. Según Audia, aunque el mito del garaje sigue funcionando como revulsivo y como metáfora, la realidad es bien distinta. "Si quieres ser un emprendedor, lo mejor que puedes hacer es conseguir un trabajo en un sector que te interese, aprender allí y, más tarde, crear tu propia compañía".
Audia desacredita la leyenda del garaje (muy poco diseminada en casos reales fuera del ámbito norteamericano) en favor de la red de contactos, sustituyendo así el "lugar de creación" (el garaje) por un más realista "punto de encuentro": una red que puede ser tanto digital (Internet) como de personas, incluso en casos históricos como los de Apple Computer o Hewlett Packard, que empezaron gracias a la ayuda, supervisión y contactos de sus tutores académicos o colegas en otras empresas. El sociólogo francés Émile Durkheim, considerado a menudo padre de las ciencias sociales, estuvo entre los primeros académicos en resaltar el valor de esa clase de conexiones descentralizadas entre un gran número de nodos:
"Los precursores de las redes sociales, a finales del siglo XVIII incluyen a Émile Durkheim y a Ferdinand Tönnies. Tönnies argumentó que los grupos sociales pueden existir bien como lazos sociales personales y directos que vinculan a los individuos con aquellos con quienes comparte valores y creencias (gemeinschaft), o bien como vínculos sociales formales e instrumentales (gesellschaft). Durkheim aportó una explicación no individualista al hecho social, argumentando que los fenómenos sociales surgen cuando los individuos que interactúan constituyen una realidad que ya no puede explicarse en términos de los atributos de los actores individuales. Hizo distinción entre una sociedad tradicional –con 'solidaridad mecánica'– que prevalece si se minimizan las diferencias individuales; y una sociedad moderna –con 'solidaridad orgánica'– que desarrolla cooperación entre individuos diferenciados con roles independientes."

En su tesis "P2P and Human Evolution: Peer to peer as the premise of a new mode of civilization", Michel Bauwens expande la idea de la red social en el terreno económico: "En la era moderna, la ideología económica contempla los individuos autónomos estableciendo contratos entre ellos, vendiendo trabajo a cambio de pagas, intercambiando mercancías por dinero, en un mercado libre donde una 'mano invisible' que se encarga de que los intereses privados de todos esos individuos acaben contribuyendo al bien común. El sujeto de la acción económica es la compañía, dirigida por emprendedores, que son la clave de la innovación. Es la conocida división sujeto/objeto aplicada a la esfera económica, con un sujeto autónomo utilizando y manipulando recursos. Esta visión es difícil de defender hoy. (...) La innovación se ha convertido en un proceso muy difuso, estrechamente conectado a sus consumidores a través de Internet (...) Los procesos ya no están integrados internamente (...) sino externamente, en grandes redes de cooperación entre compañías. (...) Tal como Eric von Hippel documenta de manera muy convincente en su libro 'The Democratisation of Innovation' (Von Hippel, 2004), la innovación por parte de los usuarios se está convirtiendo en uno de los principales motores de la innovación, por encima de los departamentos de I+D de los mercados tradicionales. Estas comunidades de innovación de usuarios son muy importantes en ámbitos como los deportes extremos, la tecnología, la música en la Red, y cada vez más en otras áreas. (...) La conclusión a todo esto es esencialmente la naturaleza cooperativa de la producción, el hecho de que las compañías se acerquen progresivamente a este 'procomún de intelectualidad general' sin el cual no podrían funcionar. Que la innovación se difunde a través del cuerpo de la sociedad."

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Detractores del crowdfunding

En una entrada de julio de 2010 en el blog de la plataforma de crowdfunding para startups Grow VC, uno de sus responsables planteaba esta comparación entre el crowdfunding y los sistemas tradicionales del sector empresarial "(Los detractores del crowdfunding) que se aferran a la idea de que una comunidad de personas no puede financiar startups mediante contribuciones de 5, 10 y 20 dólares.

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